El pectus excavatum, conocido como pecho hundido, y el pectus carinatum, denominado pecho salido, son malformaciones congénitas de la pared torácica presentes desde el nacimiento. Aunque en algunos casos pueden pasar desapercibidas durante la infancia, estas deformidades tienden a acentuarse con el crecimiento, especialmente durante la adolescencia, etapa en la que el desarrollo óseo y cartilaginoso es más acelerado.
Estas condiciones no solo alteran la forma del tórax. Con el tiempo, pueden provocar alteraciones en la postura, como encorvamiento o asimetrías del tronco. Además, en determinados pacientes se observa una disminución de la capacidad respiratoria, lo que se traduce en fatiga, menor resistencia al ejercicio y molestias al realizar actividad física.
Asimismo, el impacto no es únicamente físico. El pectus excavatum y el pectus carinatum pueden afectar de manera significativa la autoestima, la seguridad personal y la vida social, sobre todo en niños y adolescentes, quienes suelen ser más sensibles a los cambios en su imagen corporal. Por esta razón, una evaluación temprana por un cirujano torácico especializado resulta fundamental para definir el momento oportuno y el tratamiento más adecuado.
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El pectus excavatum, conocido como pecho hundido, se caracteriza por una depresión del esternón hacia el interior del tórax. Esta condición puede reducir el espacio disponible para los pulmones y el corazón.
Entre sus síntomas más frecuentes se encuentran la disminución de la capacidad respiratoria, fatiga durante el ejercicio, mala postura y, en algunos casos, palpitaciones. Además, suele generar un impacto importante en la autoestima, sobre todo en niños y adolescentes.
El pectus carinatum, o pecho salido, se manifiesta por una protrusión anormal del esternón hacia adelante. Aunque suele afectar menos la función respiratoria, puede producir dolor torácico, incomodidad al realizar actividad física y una alteración visible de la forma del pecho.
Asimismo, esta deformidad puede provocar inseguridad personal y dificultades en la interacción social.
El pectus mixto combina características del pectus excavatum y del pectus carinatum. En estos casos, el tórax presenta zonas hundidas y otras sobresalientes, lo que genera una deformidad más compleja que requiere una evaluación especializada para definir el mejor tratamiento quirúrgico.
Las malformaciones torácicas como el pectus excavatum, el pectus carinatum y el pectus mixto se producen principalmente por un crecimiento anormal de los cartílagos costales. Este crecimiento irregular empuja el esternón hacia adentro o hacia afuera, alterando la forma normal del tórax.
En muchos pacientes existe un componente genético, ya que estas deformidades pueden presentarse en varios miembros de una misma familia. Además, suelen asociarse a trastornos del tejido conectivo, como el síndrome de Marfan o el síndrome de Ehlers-Danlos, aunque no todos los casos están relacionados con estas enfermedades.
Durante la infancia y la adolescencia, el crecimiento acelerado puede hacer que la deformidad se vuelva más evidente. Por esta razón, muchos casos leves en la niñez progresan de forma significativa durante la pubertad.
Asimismo, una alteración en la biomecánica torácica puede afectar la postura corporal. Esto favorece la aparición de hombros caídos, cifosis dorsal y desequilibrios musculares, los cuales agravan la deformidad con el paso del tiempo.
En algunos pacientes, el pectus puede generar compresión parcial de los pulmones o del corazón, lo que explica síntomas como fatiga, dificultad respiratoria o menor tolerancia al ejercicio. Por ello, no debe considerarse únicamente un problema estético.

La cirugía correctiva del pectus es, actualmente, la única alternativa que permite corregir de forma definitiva el pectus excavatum, el pectus carinatum y el pectus mixto. A diferencia de tratamientos temporales o dispositivos externos, la cirugía actúa directamente sobre la causa anatómica del problema.
Mediante técnicas quirúrgicas especializadas, como la técnica Mini-Ravitch, es posible remodelar la pared torácica y devolver al esternón su posición natural. Este procedimiento no deja cuerpos extraños dentro del tórax y evita la necesidad de futuras reintervenciones.
Además, la cirugía correctiva no solo mejora la apariencia del pecho. También contribuye a optimizar la función respiratoria, corregir alteraciones posturales y reducir molestias físicas durante la actividad diaria o deportiva.
Otro beneficio importante es el impacto positivo en la salud emocional del paciente. Tras la corrección quirúrgica, muchos niños, adolescentes y adultos experimentan una mejora notable en su autoestima, seguridad personal y calidad de vida.
Por estas razones, la cirugía correctiva realizada por un cirujano torácico especializado representa la opción más segura, eficaz y duradera para el tratamiento del pectus en sus distintas formas.
La cirugía puede realizarse desde los 8 años de edad, siempre tras una evaluación médica especializada. Tratar el pectus de forma temprana permite evitar la progresión de la deformidad, prevenir futuras complicaciones respiratorias y favorecer un desarrollo físico y emocional más saludable.
Cada paciente es evaluado de manera individual, considerando la edad, el tipo de pectus, el grado de deformidad y su estado general de salud.
Si tú o tu hijo presentan pecho hundido, pecho salido o una deformidad torácica mixta, es fundamental acudir a un cirujano torácico con experiencia en cirugía correctiva del pectus. Una evaluación oportuna permitirá definir el mejor momento y el tratamiento más adecuado.
La corrección del pectus sí tiene solución definitiva. Hoy es posible lograrla de forma segura, efectiva y con resultados que mejoran tanto la salud física como la calidad de vida del paciente.
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El Dr. Víctor Gómez Ponce Cirujano de Torax – M.D.FATS es especialista en cirugía de tórax y cardiovascular
Especialista en cirugía de tórax y cardiovascular
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